domingo, 22 de enero de 2017

FELIZ AÑO NUEVOOO



Gracias por los muchos ánimos y por la paciencia, realmente dan ganas de escribir cuando me animáis tanto. Tal como os prometí esta es la segunda parte de la historia de David y Joss, espero que lo disfrutéis.




"Dos años habían pasado tras aquella noche, desde entonces David solo bromeaba con él cuando se encontraban y nada había vuelto a pasar. Demasiado ocupado con la universidad, decía.
Joss no era ningún idiota, había notado el cambio de su primo y hoy mientras caminaba a su dormitorio de la universidad, iba a cambiar eso. Llamó a la perta y el compañero de cuarto abrió, al verle sonrió y tomó su maleta antes de despedirse de él y salir. Joss entró encontrándose a David dándole la espalda mientras rellenaba su mochila. Joss cerró la puerta tras él silenciosamente y caminó hacia su espalda, su primo se giró sorprendido.

-¿joss? ¿Qué coño haces aquí?- sonrió un poco preocupado dejando caer la mochila al lado de la cama.
-Son vacaciones, he venido a buscarte- Su primo se movió incómodo por la cercanía e intentó apartarse.
-Yo iba a marcharme a casa por el puente, no tenías que venir.- Se inclinó  para recoger la mochila cuando sintió algo duro contra sus nalgas.
-No, no iremos.- Sorprendido intentó incorporarse pero una mano lo empujó de cara contra la cama y sus brazos fueron retorcidos a su espalda. Sintió algo rodear sus muñecas e intentó forcejear cuando sintió el peso de alguien sentándose sobre él.
-¿Qué mierda estás haciendo? Sueltame Jossgggg- una mordaza presionó su lengua para que no pudiese seguir protestando.
-¿Crees que iba a olvidarme de lo de aquella noche y seguir como si nada? Me usaste y te olvidaste de mi por dos jodidos años.- Tiró las cosas de la cama y comenzó a quitarse los pantalones.

David intentó girarse pero su cuerpo estaba aplastado sus brazos, sus muñecas tenían unas correas de cuero atadas con dos eslabones de cadena. Le quitó los pantalones volviendo a ponerle boca abajo, le dejó la parte de arriba subida hasta el cuello de forma que le impedían más el movimiento. Empezó acariciando con sus manos la espalda suavemente bajando a su trasero e intentó apartarse, no se esperó la nalgada que recibió. Sorprendido intentó arrastrarse por la cama y recibió otras dos nalgadas que le dejaron jadeante y estremeciéndose con su trasero ardiente.
Joss frotaba las manos por las marcas que acababa de dejar y dejó caer un chorro de lubricante sobre su grieta. David gimió pero intentó no moverse a pesar de que su cuerpo se estremecía involuntariamente mientras sentía los dedos de Joss abrir su agujero y empujando algo dentro.  Era algo pequeño y parecía que un cordón salía hacia fuera, intentó girar su cuello para mirar cuando su pelo fue jalado hacia atrás obligándole a alzarse de rodillas sobre la cama. Sintió el aliento de Joss contra su cuello mientras le mordía y una de sus manos bajaba por su pecho hasta sujetar su miembro erecto y lloroso. El se rió para más humillación

-Travieso.- Su susurró le provocó otro escalofrío, su pelo aun retenido le obligaba a ofrecer su cuello.- Tengo un regalo para ti.- No quiso mirar cuando sintió algo pequeño y alargado acariciando su abdomen mientras bajaba hacia su miembro.

Cuando sintió aquella cosa metálica empujar contra su miembro miró hacia abajo. Una varilla metálica redonda y con un pequeño lazito con cascabel al otro lado era empujado contra el canal de su pene. Chilló e intentó empujar su cadera hacia atrás pero Joss le mantuvo sujeto y se lo introdujo. Temblando y destrozado sintió un beso en su hombro.

-Ahora vamos- No entendió hasta que aquello que llevaba en su interior fue encendido.

Todo su interior tembló, aquella bola estaba apretada contra su próstata y él no podía reprimirse. Calló contra el colchón con su cuerpo convulsionando de placer y a pesar de estar tan cerca no podía venirse por culpa de lo que tenía en su pene. Ahogado en su placer apenas notó como Joss se colocaba tras él antes de empujarse en su interior de un solo golpe. Gritó, a pesar de que la mordaza no le dejaba emitir sonido mientras su trasero era castigado. Jos entraba y salía de él sujetando sus caderas y presionando aquella cosa en su interior mientras los golpes hacían que el cascabel no parase de sonar.
No importase cuando lo desease o cuanto lo necesitase él no podía llegar. Su cuerpo ardía y su mente estaba en una agonía de placer que le ahogaba lentamente. Nublado en su propia tortura de placer se sorprendió al sentir su agujero llenarse de crema sorprendiéndole y haciéndole gritar sintiendo su orgasmo tan cerca y lejos. Sue empujado hacia atrás y el miembro de Joss aun medio duro se clavó más a su interior, el lloriqueó y su pelo volvió a ser jalado arqueando su cuello, le llenó de mordiscos.
Lágrimas surcaban su rostro cuando la mordaza fue retirada, no podía hablar, había perdido esa capacidad mientras sentía los lentos movimientos en su interior.

-Ahora vas a obedecer, no vas a volver a ignorarme nunca más. – David intentó responder pero su cuerpo era completamente inútil y solo consiguió asentir.- ¿A quien perteneces David?- susurró a su oído.
-A…- dudó, las palabras eran difíciles. Su miembro fue apretado.- a ti – La varilla fue retirada de golpe causando un dolor que arrancó el mayor y más poderoso orgasmo de su vida. - ¡Joss¡ - El cuerpo inerte de David caló sobre las manchas de humedad de la cama casi inconsciente y con su cuerpo convertido en un trapo inútil.
-Bien.- Joss retiró el vibrador  de su interior.- Tenemos tiempo para que recuerdes eso, tengo muchos más juguetes para ti.- Pasó la mano por su espalda y besó entre sus hombros viendo la sonrisa lujuriosa de su primo. – Vamos a disfrutar de estas vacaciones."

jueves, 29 de diciembre de 2016

NAVIDA NAVIDAD PERRA NAVIDAD!!!



Hola, sigo viva pero a penas. No espero que nadie siga viendo mi blog y es normal, lo comprendo, soy un fracaso como escritora rotundo y ganas no tengo.
Sin embargo déjenme decir que esta vez toda la culpa no ha sido mía, no toda. Desde verano comencé a trabajar en el almacén de una juguetería que tiene dos tiendas…. Así que me pasé el verano corriendo por un almacén colocando los montones y montones y montones de juguetes que llegaban para navidad. Empecé a sufrir de ansiedad, me volvía paranoica y para los que no me crean, me pasé dos meses soñando con cajas de cartón que se me caían encima o con cosas que no podía colocar.
Para colmo de males a finales de noviembre empezó lo gordo así que llevo un mes y medio prácticamente viviendo en el almacén de lunes a lunes. Mi vida es despertarme, trabajar, comer, trabajar y dormir, ni siquiera tengo tiempo de leer un poco o de pensar en otra cosa que no sean juguetes, estoy cerca de una crisis, lo juro.

En fin a aquellos que aun siguen este blog de cuando en vez y que realmente esperan saber algo de mi les estoy profundamente agradecida y en algún momento de mi vida prometo seguir… pero por dios aún no he terminado con navidades y ya me están amenazando con carnavales…. Va a darme un chungo.
Os regalo esta mini historia de navidad, y si os gusta, tiene continuación. Un gran beso, espero que disfrutéis de las fiestas, que sean mejores que las mías y que el año que viene yo me vuelva mejor persona. 

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Era tarde y dormía placidamente en su cama cuando escuchó la puerta de su cuarto chirriar lentamente. Abrió los ojos y se giró para verle entrar  acercarse a él.
-¿aun duermes con la puerta abierta como un niño pequeño?- eso le molestó, siempre le trataba como a un crío por que tenía cuatro años más que él.
-Cállate, no lo hago.- Intentó golpearle, las sabanas se alzaron por el movimiento bajando hasta su cintura.
-Mira, pero si ya duermes solo con la ropa interior como un hombre ¿tiene superhéroes? –Intentó bajarle las mantas tirando de la tela y ver el dibujo mientras se retorcía.
-¡Para! ¿también haces esto a tus compañeros en la universidad?- Sus manos fueron sujetadas por encima de su cabeza mientras sentía una mano bajando por la tela para revelar su ropa interior.- Para esta mierda David.
-¿por que tanta vergüenza? ¿no fui yo quien te dijo como masturbarte y dónde encontrar el porno? ¿No puedo mirar?- apretó los dientes.
-No me toques.- Siseó cuando su miembro fue apretado por encima de la tela.- David.
-Mira que bien suplicas, en la cena no parabas de mirarme y en la piscina….- cuando abrió los ojos sorprendido él sonrió.- Sí, sé como echaste a correr cuando me abracen a ti en el agua.- Se inclinó y le susurró al oído mientras metía sus dedos lentamente bajo la tela acariciando el duro y lloroso miembro.- ¿Qué era lo que imaginabas mientras te masturbabas?- El chico apretó los labios en silencio.- ¿no? – desvió la mirada hacia abajo y retiró la tela de los calzoncillos acariciando la cabeza llorosa repartiendo el presumen con su dedo mientras escuchaba como el ritmo de su respiración cambiaba.- Quizás pensabas en como te la chuparía.- le vio abrir los ojos de golpe mientras sus mejillas lentamente se sonrojaban. Veía sus sonrisa mientras él bajaba por su pecho hacia su entrepierna.
-David…- su voz salía temblorosa.- para esta mierda aho… ¡HO JODER!- gimió dejando su cabeza caer hacia atrás al sentir la lengua de David contra su carne. Él sonrió antes de tragárselo hasta la raíz y luego chuparlo lentamente hasta soltarlo con un pop.
-¿no era así? – Le lanzó una mirada burlona antes de meterselo de nuevo ne la boca, comenzó a subir y a bajar su cabeza en un vaivén torturando su saco con una de sus manos. Poco después, demasiado pronto, le dejó caer de su boca y miró a su victima que estaba mas allá de poder reaccionar.- Tal vez era otra cosa.- frotó el pecho del adolescente hasta llegar a sus pezones y comenzó a torturarlos. Inclinándose sobre él reclamó su boca y le hizo probar su sabor mientras le empujaba contra el colchón. – Quieres joderme ¿verdad?- Sorprendido tras salir del beso muy aturdido y avergonzado vio como su atacante sacaba sus pantalones y se sentaba sobre su regazo para sacarse la camisa en un sensual espectáculo.
-David que… - alzó las manos y acarició sus muslos sin saber si estaba bien tocar o no cuando sintió algo húmedo al pasar sus manos por sus nalgas- ¿Qué es eso?
-Follarse a un tio no es como hacerlo con una mujer, se necesita más preparación y lubricante.- El adolescente le miró confuso y siguió sus movimientos mientras alzaba la cadera y volvía a sentarse dirigiendo su miembro hacia su interior metiéndosela muy lentamente. -¿ves que fácil entra así? Joss ¿te gusta?- El adolescente se aferró  su cadera mientras se deleitaba viendo como todo entraba.
-Mierda, mierda, mierda, ho joder David, está tan estrecho y es tan caliente.- El mencionado sonrió orgulloso y movió la cadera en círculos haciéndole jadear antes de comenzara moverse arriba y abajo sobre la polla de su amante nocturno.
-joss, tienes una polla tan buena, joder, llevo años viendo como te empalmas mirándome ¿era esto lo que querías?- el adolescente sujetaba con fuerza las piernas de David centrado en las sensaciones.- Follame Joss, hazlo como en todas tus fantasías.
El adolescente gruñó y se alzó tirando a David contra la cama, se puso sobre él y volvió a clavarse en su interior de un solo golpe comenzando a moverse como un animal desesperado. Con una de sus manos agarraba uno de sus muslos alzando la cadera mientras que con la otra sujetaba la muñeca de David contra el colchón inmovilizándolo.
-Dios, Joss, más fuerte… así….- El adolescente obedeció y golpeó en su interior con más fuerza y más rápido, no había besos, ni caricias, ni palabras cariñosas, solo los jadeos de ambos y el sonido de la carne golpeando carne.

Cuando se corrió en su interior David intentó recobrar el aliento mientras pasaba una mano por la espalda del adolescente. De pronto escucharon el sonido de las llaves contra la puerta y Joss se alzó alerta saliendo con brusquedad de su interior haciendo que ambos gimiesen.

-mis padres…- Miró alarmado a su amente que ya se estaba poniendo la camiseta del pijama y buscaba el pantalón corto.
-Hazte el dormido.- Terminando de vestirse salió a la puerta y sonrió al encontrarse con los padres de Joss.- ¿Qué tal la película?- hablaba en una voz baja.
-ha sido genial no perdernos el estreno.-respondió uno de los padres pasando hasta la puerta medio abierta para echar un ojo dentro.- Espero que Joss no se haya enfadado mucho y fuese muy pesado contigo, estos adolescentes de ahora se quejan por todo.
-Que va, se lo ha tomado bien.-David caminó a su lado parándose justo en la puerta del cuarto de Joss apoyándose en el marco dando la espalda al interior.
-Tranquila mujer, David siempre ha sido su primo favorito, todo el tiempo preguntando por él, seguro que se lo han pasado genial.- La madre sonrió.
-yo también quiero mucho a Joss, siempre ha sido el primo al que más he mimado.- Mientras los padres reían y se despedían, Joss vio, desde su cama, como algo blanco resbalaba desde el interior del muslo de David y este se giraba sonriéndole desde la puerta.- Feliz navidad. 




martes, 16 de febrero de 2016

Cumpleaños FEEEEEEEEEEEEEELIS!



Tal como el título dice es el cumple de mi querida y amadisima Firichuuuuuuu y como soy pobre he decidido regalarle una historia sobre su princesa Disney favorita al estilo de la de Ariel, lamentablemente como mi hombro se ha vuelto a estropear he tardado mucho pero al fin puedo ponerlo aquí ya que a ella le ha llegado el original escrito a mano.

¿Y cual es su princesa preferida preguntareis? Ni más ni menos que LA BELLA DURMIENTE… pero como yo creo que la pobre mujer no hace demasiado en la historia he preferido inspirarme en la historia de Malefica, que me parece que tiene más chicha y mola más! Asi que! Ahí va mi versión del cuento!



Había una vez, en un país muy antiguo, junto a un reino de montaña un rey traicionó a un brujo hada. Usó sus sentimientos para poder conseguir poder e influencia. Para llegar a rey entregó las alas y la cola del brujo mintiéndoles a todos al anunciar su muerte.

Lo que ocurrió realmente fue una gran traición, el hombre habría abrazado al brujo y susurrado a su oído promesas de amor tras ofrecerle un té. El brujo despertó al día siguiente sumido en el dolor de su cuerpo y la sangre cubriendo su piel con un cuchillo enterrado en su pecho.
El grito de su lamento estremeció al bosque, este como un animal herido se refugió rodeándose de zarzas rechazando la entrada de humanos. Avergonzado, el brujo escondió su cuerpo bajo una gran túnica negra, solo sus cuernos le diferenciaban ahora de un humano.

Un año después en el reino se celebró el nacimiento del primogénito del rey. Una gran fiesta en la que todos fueron invitados, o casi. Cuando el bruj apareció el reino enmudeció y este se acercó al recién nacido con sus ojos clavados en el rey. Mientras, la reina exigía saber quien era, el brujo sonrió y le contó quien era él para el rey. Al terminar su relato soltó una sonora carcajada por la mirada de la mujer hacia su esposo, por lo que sin problemas puso la mano sobre el rostro del bebé y ante todos entregó “su regalo”

“… y al los diecisiete con una aguja te pincharas y el reino entero en un sueño de cien años se sumirá…”

El bebé sonrió ignorante ante el grito aterrorizado de quienes le rodeaban. Sin embargo el brujo miró la pequeña carita y tuvo piedad. Al marcharse una de sus hadas anunció otro trozo del hechizo.

“.. con un beso de amor verdadero despertarás y la maldición romperás.”

La indignación invadió el palacio y a pesar de inventar una excusa del por que la maldición, en la casa real se sintió la presión. Mientras el pequeño recién  nacido alzaba sus manos para recibir el amor de sus padres.

Pasaron los primeros diez años y el brujo recordó su maldición, miró a su exclavo y amante desnudo a su lado y le preguntó por si conocía la historia del niño. El cuervo convertido en hombre había sido herido en los jardines de palacio y luego voló al bosque en busco de refugio. Negó, nadie recordaba ya la maldición, quizás el brujo se equivocaba de palacio.
Extrañad apresuró al ave para investigar. Fastidiado por tener que volver junto a los humanos cambió a cuervo y voló hasta las ventanales del palacio en busca  del niño. Sin embargo no encontró un príncipe, encontró dos.  Un niño de unos tres años y una niña de dos. Buscó pero no encontró a nadie que entrase en la descripción del niño de la maldición. Decidido a volver para informar a su amo vio a un criado que llevaba una bandeja con poca comida hacia un lado alejado del palacio. Curioso, voló por el lado de las ventanas y llegó hasta la torre más alejada y vieja del palacio. Subió a lo mas alto y se paró en la ventana, el cuarto era pequeño, había una cama, una alfombra vieja, una estantería y un pequeño escritorio.
La puerta se abrió del golpe assutando al ave, un soldado traía a un joven del brazo y le empujó adentro. El rey estaba detrás y ordenaba al niño guardar silencio. El cuervo escuchó escondido, el rey explicaba  que no debía acercarse de nuevo a los otros dos jóvenes, al parecer el niño había vivido lejos de ser un príncipe, había sido criado por la gente del servicio que no había estado muy feliz de cargar con el niño maldito. Por ello a partir de ese momento viviria en la torre hasta que cumpliese los dieciocho  tenía prohibido salir. Tras decir aquello se marcharon cerrando la puerta y dejando al pobre niño llorando y golpeando la puerta diciendo que aquello no era culpa suya.

Cuando regresó al bosque contó lo sucedido al brujo, este realmente ofendido ordenó al cuervo seguir observando el palacio. Durante los siguientes años el cuervo vió como el joven pasaba sus días en la torre, bajaba para alguna celebración, presentación, reunión o fiesta pero siempre permanecía aislado y solo. Los adultos murmuraban y prohíban a los niños acercarse a él.
El colmo llegó cuando el chico intentó hablar con uno de sus hermanos, ni siquiera había puesto una mano sobre su hombre cuando su madre le golpeó y le apartó del otro como si fuese a contagiarle la lepra. Fue entonces cuando el niño fue encerrado en la torre  para no salir.
El cuervo estaba molesto, tras su seguimiento a lo largo de los años había visto como el niño era rechazado, repudiado, abandonado e insultado. El día de hoy de nuevo, nadie estaría a su lado por su cumpleaños. Se acercó a la ventana y lo vio en el suelo abrazando sus rodillas con un rostro lleno de pena. Saltó al interior y miró al sorprendido chico, tras un largo silencio le graznó “Feliz cumpleaños” y el niño se asustó.

La vida del joven príncipe mejoró, su amigo le enseñaba y le contaba cosas sobre el mundo exterior. Le obligaba a estudiar, ha hacer tareas y a divertirse. Al cavo de los meses el ave le mostró su forma humana y le habló del hada que le había cuidado y del bosque encantado al otro lado de los zarzales. El joven estaba entusiasmado y apreciaba todos los regalos que el cuervo le traía, lo que él no sabía es que el cuervo no solía recolectar fruta y no se metía en el agua para buscar piedras tan hermosas como joyas.
Una noche mientras el cuervo picoteaba algo tras servir a su amo entregó su reporte sobre el muchacho, este le preguntó por su condición. El cuervo afirmó que el chico estaba bien y ansioso por sus visitas pero la comida era cada vez más escasa y su cuerpo cada vez era más débil. El brujo estaba molesto por la forma que tenían los reyes por librarse de la maldición. Fue entonces cuando le permitió traer al joven al bosque durante unas horas por primera vez. Cuando el ave se lo contó al chico este estaba emocionado, sin embargo le asustó la forma en la que quería sacarle de la torre, por la ventana. Gritó pero de su boca no salió ningún sonido cuando un enorme ave  surcó el cielo con él en una de sus patas.

El tiempo pasó de nuevo y el joven se familiarizó rápidamente con el bosque, un día se encontró una criatura vestida de negro y con cuernos que se acicalaba en el río. El chico preguntó por que aquel fauno no tenía pelo como el resto y el cuerpo comenzó a reírse tan fuerte que lloró hasta que una ola los mojó a ambos. El ave aún reía cuando presentó al hada que le dio el poder de cambiar. El chico le vio salir del río y admitió que era hermoso a pesar de su ceño fruncido, lo que sorprendió al hada e hizo reír aún más al cuervo.
Los días avanzaban más deprisa que en toda la vida del príncipe. Aprendía todos los días del hada que se negaba a darle su nombre y el cuervo. En su cumpleaños numero dieciséis el joven esperaba impaciente en su torre, ese día tendría una gran fiesta en el bosque y acudirían muchas criaturas de las que se había hecho amigo. Le hada haría un pastel aunque no admitiría haber sido él. El cuervo esperaba en la ventana cuando el rey apareció, siempre venía a comprobarlo ese día ya que quedaba cada vez menos para la hora de la maldición. El hombre parecía disgustado de verlo con vida y tan saludable, lo que molestaba muchísimo al cuervo. El joven no guardaba ya ningún respeto por su padre y al ver su actitud hizo algo que jamás creyó posible, se enfrentó al rey.  Sorprendido no dudó en amenazarle pero el joven era más rápido y enseguida respondió, la maldición era culpa suya, todo era culpa suya. Había intentado matarle, sabía que sus padres no le amaban, el Prince sonrió a su furioso rey y con todo su desprecio reunido le confesó que esperaba que el día legase pronto y todos sufriesen el castigo que merecían.
El rey entró en cólera y comenzó a golpear, a pesar de ser más joven los anillos del hombre dolía mucho. El cuervo intentó intervenir pero en su forma de ave fue golpeado contra el muro, presa del pánico llamó a su brujo.
El monarca limpiaba sus anillos mientras caminaba en dirección al salón en donde estaba su familia, al verle la mujer arrugó la nariz al saber de dónde venía. Su plan para deshacerse del maldito no había funcionado, el chico no quería morirse, quizás esta vez lo conseguiría. Miró a sus otros dos hijos y suspiró, aun tenía herederos. Sabía que nadie preguntaría jamás sobre el primer príncipe, hacía años que nadie le veía a pesar de los rumores sobre el durmiente de la torre.

La puerta del salón se desencajó y se clavó en la pared contraria, el brujo entró furioso al cuarto y se deshizo de los guardias. Avanzó hacia el hombre y le acusó de intentar asesinar al chico durante años, sin embargo le aseguró que no se libraría de la maldición, la gente sabría que clase de rey tenía. Miró a los otros dos hijos y se burló, se habían desecho de uno por que ya tenía un remplazo, luego miró a la niña y se rió “ ¿Acaso piensas que no te usará para obtener poder?” la casarían con más beneficio ofreciera, quisiera o no. Si ella no lo hacía probablemente también sería echada o substituida. La mujer le mandó callar pero la niña ya albergaba dudas en su corazón . Se había desecho de un hijo ¿Por qué no de dos?
Para terminar miró a ambos, los reyes y se rió de ellos en sus caras, la maldición era muy sencilla de romper, solo necesitaban un beso de alguien que le amara y él amase. Ellos habían desechado la opción más sencilla, el amor de un padre o un hermano y ahora no habría nadie en el reino capaz d despertar al muchacho de la maldición en su próximo cumpleaños.

Furioso salió de la sala y ante la mirada de todos hizo un gesto hacia la torre, de ella apreció un gran cuervo destrozando la torre y en sus garras llevaba el cuerpo del príncipe durmiente. De voz en grito el brujo anunció como, por segunda vez, la familia real les había condenado.

En la cabaña del brujo hada el príncipe despertó, dolido, sobre una cama de pieles. El hombre cuervo sentado a su lado sonrió y anunció su despertar. El hada se asomó con un cuenco entre sus manos y le obligó a beber y a descansar. Los siguientes días fue cuidado por ambos a pesar de que uno de ellos fingía una gran molestia. Los primeros pasos se sintieron bien de nuevo en el bosque, un hada enfadada le gritó que era demasiado pronto pero le ignoró y se dejó caer en la hierba. Los días pasaban tranquilos en el bosque, felices, el príncipe no se separaba del cuervo y el hada. Había visto como interactuaban entre ellos durante los últimos años, amo y sirviente pero les había cazado en alguna ocasión, sin embargo desde que él empezó a vivir con ellos parecía que volvían a ser solo compañeros.
Un día mientras cocinaba atrapó al hada por la espalda, no le gustaba que supiese que era él quien cocinaba sus platos favoritos. Estaba molesto y protestó incluso tras el beso en su mejilla, el príncipe colocó el mentón sobre su hombro confesándole, por primera vez, que él sabía quien era el brujo que le maldijo. Se paralizó, no solo por los brazos que le sostenían si no por el tiempo que le joven tendría habría descubierto la verdad, sin embargo el príncipe sonrió y admitió que era realmente feliz por estar allí a su lado antes de marcharse tarareando una canción el joven ignoró la fuerza de sus palabras ni de sus acciones.
El brujo miró al cuervo que le miraba con una sonrisa ladina en el rostro. Aquella fue la primer anoche que el brujo intentó romper su maldición, no fue la última.
El tiempo corría y el brujo obligaba al cuervo a que llevase al joven a conocer todas las personas posibles, del bosque o de la ciudad. Alguien tenía que amar al príncipe. Sin embargo el joven parecía molesto por salir del bosque y en ocasiones se negaba a encontrarse con nadie más.
Una noche el joven abrió los ojos mientras dormía, un estruendo lo había despertado, el brujo blasfemaba mientras pasaba una mano sobre su rostro. El cuervo le sostenía y suspiraba buscando que se calmase y que dejase de intentarlo, no iba a conseguir cambiarlo. El brujo chistó bufando, una de sus manos temblaba y estaba más pálido de lo normal “!Tengo que pararlo¡” decía “ no es justo, él no se merece esto” repetía. El joven sonrío en sueños y cerró los ojos de nuevo escuchando como el brujo urgía al cuervo para que buscase a alguien más para amarle. Prohibiría cualquier objeto metálico punzante en el bosque, pero entonces quizás las espinas servirían como agujas…
El tiempo se acabó demasiado rápido, solo quedaba un día y medio más antes de su cumpleaños, el brujo, decaído fue a buscarle a su cama para hablar con él pero estaba vacía. Buscó al joven por los alrededores y luego al cuervo que tampoco sabía sobre el chico, solo habían estado hablando hasta altas horas “quizás” pensó el cuervo “solo ha izo a dar un paseo y pensar, volverá más tarde”

Sin embargo el príncipe estaba lejos, cruzaba el bosque en dirección al palacio y no pensaba detenerse. Con una capa y un pequeño bolsillo fue directo ha hacer aquello para lo que había nacido. La noche anterior a su cumpleaños tenía todo lo que necesitaba para su venganza. Consiguió colarse en el palacio y con el sello de su familia en un anillo que el cuervo había robado para él, fue fácil entrar. Con precaución fue a la sala de trofeos dónde encontró lo que buscaba. Al amanecer estaba listo para hacer su cometido. Sabía que el pueblo se reuniría en el palacio para preguntarle al rey sobre la maldición. Esperó paciente entre el público a que se llenase la sala y la familia real apareciese. Escuchó su discurso anunciando que estaban a salvo, el príncipe maldito no estaba con ellos, habían roto la maldición. Cuando los vítores empezaron avanzó entre la gente, pasando por le lado de los guardias mostrándoles el escudo de su anillo al pasar dejándolos helados y clavados al suelo por el miedo.
Ante la mirada curiosa del pueblo el joven dejó una caja en el suelo y se quitó la capa mostrando una gran sonrisa. Alzó la mano y en esta, agarrado a un soporte alrededor de su dedo, una aguja brillaba amenazante. El palacio enmudeció y el príncipe clavó su mirada en el rey. Delante de todos le acusó de su traición al brujo para subir al trono, de cómo había intentado matarle de hambre y luego a golpes, de cómo mentía al pueblo para seguir siendo el rey. El hombre se alzó furioso, pero un pulgar sobre la aguja le hizo parar. Le gritó sobre lo estúpido que era se condenaría a la maldición solo para castigarle.. el príncipe sonrió. El silencio de aquella confesión fue rota por el sonido de un aleteo, el cuervo llegó a su lado y le apresuró a dejar todo aquello y volver al bosque en dónde el hada le estaba buscando. El príncipe sonrió con carió y tristeza y entregó la caja al cuervo, curioso, el ave bajó la mirada y fue cuando el chico se despidió clavando su dedo contra el filo de la aguja.

El tiempo se paró mientras el príncipe durmiente caía al suelo, una pequeña ola de aire se extendió en círculo y golpeó a todos los presentes, quisieron huir pero sus pies ya estaban congelados en el tiempo. El cuervo tomó la caja y voló al bosque, en la frontera en donde le brujo retiraba las zarzas para salir a buscar al príncipe. Cuando vio el cuervo volver solo temió lo que había ocurrido. Al abrir la caja y allí encontró sus alas y su colmatadas con lazos negros junto a un viejo medallón colgando del lazo. Aquel colgante había sido el regalo de amor del rey, ahora no parecía hermoso si no más bien algo venenoso y podrido. Arrancó el collar y lo destrozó entre sus dedos, una caricia y sus alas volvieron a la vida junto a su cola. Era agradable volver a sentir su cuerpo completo.

En palacio la gente ya estaba congelada por encima de sus rodillas mientras lloraban e insultaban al rey. Al abrirse las puertas el brujo entró esta vez sin su túnica, ahora lucía ropa cómoda, pantalones mostrando su cola y sus alas a modo de capa. Se acercó al príncipe y acarició su rostro colocándolo más cómodo y ordenando al cuervo que lo cargase en brazos. Se acercó al rey y se paró a su lado sonriendo. Con su cola le abofeteó hasta aburrirse, “la echaba realmente de menos ¿recuerdas lo que podía hacer con ella?” la cola acarició el cuello del rey hasta su pecho, se apartó y de golpe clavó la punta de esta en su abdomen como un puñal. El brujo rió y luego le contó a todos como estarían dormidos, junto al bello durmiente mientras él y su familia permanecían conscientes todo el tiempo. Abandonó la sala y el cuervo le siguió hasta un dormitorio limpio y con un hermoso balcón. Dejaron al bello durmiente sobre la cama, el brujo se sentó a su lado y apartó el pelo de su mejilla, miró al cuervo y le ordena buscar a todos los que el joven había conocido en el bosque, alguien tendría que amarle.

Las semanas pasaban y el brujo venía todos los días a verle, le traía flores nuevas y buscaba posibles amores pero pronto se terminaron. Un día, desesperado obligó al cuervo a besarle, el ave negó pero el brujo sabía que si alguien amaba al cuervo sería el niño, ambos habían pasado muchas cosas juntos y habían compartido momentos, seguro que el niño también le amaba.
Suspiró  y se acercó besando al chico y los dos esperaron impacientes, pero el bello durmiente se negaba a madrugar antes de sus cien años.

El brujo, culpable iba cada vez menos a ver al príncipe, buscaba una forma de traerle de vuelta sin éxito. Eso no le impedía ir a torturar a los reyes, pronto se cumpliría el primer año desde que el joven había caído en su sueño. El brujo y el cuerpo fueron a desearle feliz cumpleaños antes de irse. El ave cambió  permaneció en el balcón esperando al brujo.
Podía ver el dolor en los ojos de su amo cada vez que miraba el palacio, no podía esconderlo cuando lo miraba a él. El brujo acarició sus mejillas de nuevo comprobando su calor, asegurándose de que seguía ahí a pesar del tiempo, por millonesima vez se disculpó con él, a pesar de que el joven le había perdonazo hace tiempo y había hecho aquello por propia voluntad.
 Contempló su rostro una última vez dispuesto a marcharse en busca de una cura y no regresar hasta le próximo cumpleaños, no se detendría, su magia tendría que tener algún punto débil, algo que le ayudaría a romper su maldición… si no… esperaría noventa y nueve años más para volver a verle. Juntó sus frentes y le deseó felices sueños antes de, inconscientemente, besar su frente. Sorprendido por su propio acto pasó la mano intentando borrar lo que había hecho sin comprender todavía por que el beso del cuervo no había servido, no había en el mundo quien el joven pudiese amar más cuyos sentimientos fuesen iguales.

Mientras se alzaba y desplegaba las alas sintió un pequeño golpe de aíre contra su rostro que le trajo un olor antiguo. Miró a su espalda y vio una pequeña hoja atrapada contra el cuello del niño. La retiró con cuidado asegurándose de que no había ninguna otra mancha y al alzar la vista vio unos ojos clavarse en los suyos. Al principio creyó que solo eran alucinaciones suyas por la culpabilidad y el anhelo, pero unos brazos rodearon de pronto su cuello sorprendiéndole y tirandole sobre la cama recibiendo un autentico beso por primera vez.
El bello durmiente, sonriendo le preguntó al brujo “¿han pasado los cien años o al fin te has dado cuenta?” sorprendió el brujo comprendió sus palabras y molesto tiró de la oreja del joven mientras este llenaba el palacio de vida con su risa.


….El brujo abrazó al joven príncipe y mientras el reino se despertaba miró aquellos ojos comprendiendo por primera vez lo que era realmente el amor. Abrazó al chico por la cintura y juntos volaron hacia el bosque en dónde elegirían el próximo destino del chico mientras dejaban al palacio despertar con el paso de los días, ahora tenían un tiempo que recuperar.

domingo, 17 de enero de 2016

Historia del mes!



Un cuento para dormir.



Había tormenta afuera  y el pequeño Adrien de siete años se arropaba hasta la nariz mirando por la ventana de su cuarto como el mar se agitaba y los truenos cruzaban el cielo.

Suspiró y volvió a intentar dormirse pero otro gran trueno le hizo saltar. Escuchó unos suaves golpes y miró como la puerta se abría y asomaba la cabeza de su papi. Este le sonrió con el conocimiento en su mirada y se acerco a su lado sentándose en la cama y acariciando su rostro.

-¿no puedes dormir? Creí que habías superado eso ya amor. ¿ has vuelto a ver una de esas películas a escondidas?- el niño bajó la mirada. Sabía que su papi no quería que viese películas de miedo o de violencia pero otros niños lo hacían.
-Lo siento.- su padre suspiró y besó su frente. Su padre miró por la ventana y suspiró pero sonrió.
-¿te da miedo la tormenta, el mar?- el niño miró los hermosos ojos de su padre, apenas había heredado aquel color.
-No papi, el mar no me da miedo. Ni la tormenta pero el ruido me sorprende. Yo puedo dormir lo prometo.-su padre rió.
-¿por qué no te cuento un cuento?- el niño asintió y se acurrucó contra su padre, el siempre acariciaba su pelo mientras le contaba cuentos.- ¿Que tal la historia de la sirenita?
-esa ya me la sé papi, es aburrida.- su padre rió y besó de nuevo su frente.
-Cierto amor, conoces a la sirenita pero no la verdadera historia de. Es mucho más larga y un poco más triste y complicada.-el niño miró a su padre y sintió un pequeño escalofrío y asintió.
-Si que quiero, cuéntamelo.- Su padre se acomodó mejor y se arropó con él.
-Bien, voy a empezar. Esta historia es de verdad y si no te gusta me paras, sabes que yo no te mentiría.- acarició su rostro y le hizo cosquillas en la nariz.- Empecemos, las sirenas viven en el mar ocultas a nuestros ojos pero están allá abajo……

…las sirenas eran caprichosas, egoístas y egocéntricas. Había una entre ellas, era curiosa, estaba aburrida de que no le permitieran ver el horizonte, solo podía quedarse y ser bella como las demás, esperando su momento de aparearse. Eso era todo pero aquella sirena era distinta había visto los humanos y lo que podían hacer, él deseaba saber.

-¿ÉL?- interrumpió el niño.- Ariel era mujer papi.- su padre sonrió.
-No mi amor, Ariel siempre fue macho, un chico, pero era tan hermoso, de aspecto delicado y movimientos elegantes que los hombres lo deseaban y las mujeres le enviaban. Por vergüenza de esos deseos se le convirtió en mujer en la historia. Muchas cosas están mal en los cuentos ¿seguro que quieres que siga?
-sí papá, te creo sigue por favor.- su padre tomó su mano y comenzó a jugar con sus dedos.
-pues bien, Ariel era un joven pequeño y hermoso eso molestaba a las otras sirenas y mostraban su desprecio burlándose de su curiosidad…

…. No era exactamente un príncipe y no tenía muchas hermanas. Él tenía una hermana y tres hermanos mayores. Ellos eran grandes y no soportaban que su hermano se pareciese tanto a una hembra y pensase siempre en los cachivaches humanos. Decían que hasta su hermana era más masculina. Él amaba a su hermana e intentaba querer a sus hermanos. Era un buen chico pero también era curioso y listo y eso le llevaba a su deseo de conocer más del mundo humano y de todas las cosas que eran capaces de crear. Las había visto en las profundidades del mar, dentro de barcos hundidos o tirados por la mano del mismo humano.

Así que un día tras una discusión con sus hermanos e incluso su hermana que no le apoyó como hacía siempre nadó para alejarse de ellos furioso. Justo mientras se alejaba sintió en el agua la fuerza de uno de aquellos barcos pasando por encima de él y sintió crecer la curiosidad por los humanos. Fue entonces cuando decidió ir a ver a la bruja del mar, una hechicera.

Ella no era como en los cuentos, sí tenía cintura de pulpo pero ella era hermosa, muy hermosa, siempre estaba rodeada de hombres que intentaban conquistarla y mujeres que intentaban superarla. Cuando Ariel llegó le miró con cierta molestia, él era apenas un niño pero era hermoso y muy inteligente. Tras una dura discusión en la que Ariel no se amedrentó en ningún momento y no se dejó engañar, así que la hechicera complacida con él concedió su deseo, unas piernas y la capacidad de respirar a cambio de un baúl de joyas y otro de botellas con ingredientes del mundo humano que Ariel tenía entre su colección.

Llegó a la orilla y allí sintió su cuerpo cambiar, al mismo tiempo su cabello del color del atardecer creció y sirvió para tapar su espalda del frío. Arrodillado en la playa comenzó a temblar por sentir por primera vez lo que era ser un ser humano, la hechicera, a su lado le miraba aburrida mientras jugaba con un collar de hermosas perlas en la mano y le explicaba sobre la ropa y el dinero. El chico había sido previsor y había traído una pequeña bolsa con monedas del barco sin embargo no tenía ropa….

El padre de Adrien rió y le sonrió acariciando sus mejillas, parecía pensar en algo pero continuó su relato.

… El caso es que tardó un poco en acostumbrarse a caminar y al final tuvo que robar la ropa pero él no perdió la voz. Es más él la usaba para conseguir dinero. Al principio cantaba en la calle y con el dinero que conseguía podía comprar de comer y algún libro que aprendió rápidamente a leer al intercambiar ese don por la trenza de una mujer despistada. Se sintió un poco culpable por aquello pero se aseguró de dejarle dinero a cambio. Al final consiguió cantar en las cantinas en donde entonaba canciones sobre los mares, los vientos y los marineros, sin embargo solo cantaba canciones de marineros, nunca las de las sirenas…

-¿Por qué no cantaba las canciones de las sirenas? - Su padre rió entre dientes y le miró.
-bueno cariño, las canciones de los marineros son sobre amores, grandes pescas, tesoros e incluso encuentros con sirenas. Pero las canciones de marineros de las sirenas son burlas de cómo consiguieron engañarles, como les ahogaban o como se burlaban de ellos… comprenderás tesoro, que si quería su dinero y su respeto no era algo bueno insultarlos. - el niño también rió y asintió.- El caso es que un día alguien más escuchó las canciones de Ariel…

… pero no fue ningún príncipe, por aquella época no eran tan comunes pero era un Conde, que por aquella época actuaban como si fuesen uno. El caso es que el joven se enamoró de la joven y hermosa Ariel y le invitó a su palacio en varias ocasiones al enterarse de que el joven vivía en una cueva de la playa y solo buscaba dinero para comer y tener acceso a libros. Al principio Ariel se negó, pero el joven le prometió una biblioteca entera e incluso acceso a un inventor y nuevamente cayó en la tentación.
La vida en su gran mansión fue divertida, Ariel cantaba todos los días para el Conde y se hicieron fiestas para invitar a ricos de las cercanías para que sintieran envidia de la hermosa criatura con voz de ángel. Sin embargo el Conde quería algo más de Ariel pero este solo deseaba aprender del inventor y de los libros. Al principio se llevó un gran disgusto cuando supo que Ariel era un hombre, pero con las ropas adecuadas pudo pasar por alto ese detalle, luego se entretuvo mostrándole los modales a pesar de que él siempre estaba rodeado de libros y se escurría dentro del taller. El Conde estaba muy molesto porque a pesar de usar todos sus encantos y sus modales el joven no caía en su trampa y es que Ariel resultó ser más listo de lo que creía, aprendía muy rápido, memorizaba y recordaba fácilmente.

Ariel vivía en un sueño, podía investigar, podía tocar todo aquello e incluso llegar a intentar comprenderlo montando y desmontando. Le gustaba estar con el Conde también, era muy amable y dulce con él y creyó que quizás se había enamorado de él, a pesar de que  cuando el Conde quiso algo que Ariel no deseaba entregarle este se enfureció e intentó tomar aquello por la fuerza. Ariel se asustó y tras resistirse fue golpeado.
Aquella noche estaba aterrorizado y habló con la bruja del mar, esta le explicó que los humanos deseaban siempre mucho más de lo que podían tener. En cambio el Conde suplicó su perdón al día siguiente pero Ariel empezó a temerle y decidió que deseaba irse, el hombre volvió a entrar en cólera y a amenazó a Ariel de nuevo encerrando y obligándole a cantar todo el día pero Ariel no lo hizo y se negó a cantar para los invitados del Conde.
El hombre, que había dicho que la hermosa ángel era su amante y le obedecía dócilmente fue puesto en evidencia y atacó a Ariel intentando asfixiarle, ya que no quería cantar para él no volvería a cantar para nadie. Sintió algo crujir en su garganta y por el terror al no poder respirar su cuerpo intentó cambiar para intentar respirar por las branquias y el Conde entró en pánico. Ariel fue acusado de ser una bruja del mar que estaba engañando al Conde para llevarse a los hombres débiles al mar y ahogarlos….

-!Es un mentiroso!- Su hijo protestó molesto. Su padre sonrió y acarició sus mejillas.
-Cierto, era mentira, pero los humanos tenían miedo de las sirenas amor, porque eran algo que no conocían y temían.- Su niño hizo un puchero y para calmarle besó su mejilla.- ¿Quieres que pare entonces?
-!NO! Dime si le hicieron más daño a Ariel.- Su padre rió y asintió tomando aire antes de seguir.
-El caso es que mientras el Conde gritaba órdenes había encerrado a Ariel en una celda y le llevaron al exterior para obligarlo a cambiar de nuevo y castigarlo…

...Ariel fue arrastrado y fue golpeado, su voz estaba rota y rasgada por la asfixia y no podía hablar para defenderse. Los analfabetos creyeron que sus gritos eran los sonidos de una sirena fuera del mar y golpearon aún más a Ariel y le hundieron la cabeza en un balde de agua salada para ver si podía respirar, o para ahogarlo. Desesperado y asustado intentó gritar pero sonaba de forma horripilante y aterrador por lo que le golpearon aún más y pusieron una cadena en su cuello para callar sus gritos. Ariel, desesperado consiguió cambiar un poco sus manos y usó sus uñas y la sorpresa que provocó para alejarse de los hombres. Asustado ni siquiera supo que le habían disparado cuando cayó al suelo porque su pierna no pudo soportarlo. Miró hacia atrás viendo como su pierna tenía un agujero y mucha sangre de ella y más atrás los hombres le apuntaban con armas rudimentarias y el Conde tenía aquel arma. Aterrorizado se arrastró a gatas hasta el borde de la playa y se dejó caer hasta la misma entre los gritos de sus perseguidores.
Su cuerpo apenas calló unos metros al camino de la colina pero siguió arrastrándose hasta tirarse al agua. Su herida dolía y picaba demasiado mientras flotaba intentado alejarse con la cadena aún en su cuello.
Al caer la noche consiguió llegar a otra zona de la isla y se refugió en una cueva mucho más pequeña, su herida aún sangraba y consiguió sacarse la cadena y acurrucarse en una esquina completamente aterrorizado. Intentó llamar a la bruja pero su voz estaba rota y apenas salía en forma de un chillido. Con el paso de los días creyó que moriría entre lágrimas, dolor y frío, tenía hambre pero no podía permitirse salir de allí, pudo alimentarse de los moluscos de las paredes y los pequeños cangrejos que entraban en ocasiones.

Pasados unos días se arrastró hacia afuera para intentar llamar a la hechicera pero no conseguía que le escuchara, también intentó volver a su hogar pero no era capaz de volver a ser una sirena…

El niño estaba en tensión, sus ojos dilatados por la concentración mirando a su padre esperando lo que ocurriría después, por ello se asustó al escuchar la puerta y se giró con miedo. Frotó la espalda de su niño y sonrió al hombre que entraba por la puerta. Era más alto que él, tenía el pelo muy corto era unos cuantos años mayor. Sus ojos le miraron y luego le sonrió mientras se acercaba a él.

-¿Por qué estáis aun despiertos?- Miró al niño.- ¿has vuelto a ver una película que no debías? - el hombre se sentó frente a su papi y le acarició el pelo.
-Es que en mi clase ya la han visto, ya he pedido perdón no volveré a ha hacerlo Papá.- El hombre sonrió a su hijo, a pesar de su semblante serio y fina línea de su mejilla de una marca de nacimiento y siempre tenía una sonrisa para su hijo.
-Está bien si has pedido perdón ¿Te está contando un cuento?- Miró al otro hombre y le sonrió.
-Papi me cuenta la historia de Ariel, la de verdad.- El hombre le miró preocupado.
-¿No crees que es un poco fuerte para su edad? - el hombre rió y negó.- Aunque supongo que tarde o temprano se la contarías, te encanta contarla.- Se acercó a él y le besó.
-Papá te prometo que no me asusto, ahora Ariel está solo y herido, no puedo irme a dormir, porfa déjame escuchar el final.- El hombre le miró y rió.
- Esa parte es mala, debiste saltarte eso.-Negó y sonrió colocándose contra el cabecero de la cama y tomando al otro hombre por la cintura.- Está bien, me quedaré aquí a escuchar el final, yo también quiero un cuento antes de irme a dormir.- El niño saltó contento y se acurrucó entre sus padres mirando a su papi expectante.
-Está bien ¿por dónde iba?
- Ariel salía de la cueva para buscar a la bruja pero ella no le escuchaba, también intentó volver pero no podía volver a ser una sirena, él era humano ahora.- El niño contó solemne esperando la continuación del relato.
-Cierto, el caso es que Ariel salía todos los días intentado llamarla pero no lo conseguía y un día alguien lo descubrió….

… Ariel lloraba sentado en la arena, su cuerpo estaba cubierto de golpes y cortes, su pierna era inservible al estar tan dolorosa y su cuello estaba teñido de colores por las marcas de las cadenas y de los dedos del Conde. Tan centrado estaba que no escuchó a un hombre joven que se acercaba. Cuando lo tuvo justo a su lado  le miró aterrorizado e intentó retroceder pero su pierna falló y soltó un grito sordo de dolor. El hombre, con el pelo enredado y piel muy morena alzó las manos diciéndole que no deseaba hacerle daño, que le había visto hacía un par de días cuando salía a pescar y que si necesitaba ayuda.
Ariel tenía el peor de los aspectos y solo conservaba su camisa ya que al menos era lo suficientemente larga para tapar sus partes, el pantalón lo había usado para vendas, su pelo estaba todo enredado y sucio por sangre, arena y tierra, su piel estaba de la misma forma.
No sabía qué hacer, si volvía a su cueva el pescador le vería, si se quedaba allí llamaría a otros, así que simplemente se quedó… era mejor morir ya que no podía volver al mar…

-!No!- Adrien miró a su papi triste mientras que su padre acariciaba su rostro y su estómago como cuando era un bebé para que se durmiese.
-Shhh, no he terminado bebé, ahora verás.- El niño asintió y se acurrucó otra vez.- Bueno, el pescador no era como los hombres de la ciudad, y por supuesto no sabía que Ariel era una sirena, así que con cuidado y con paciencia consiguió convencerlo para llevarlo a su pequeña cabaña de pescador, era toda de madera y estaba un poco sucia pero allí no había humedad…

… el joven pescador, con toda su paciencia ofreció agua a Ariel, fue el primer paso para convencerlo, luego le habló preguntando si era extranjero, si estaba en problemas y que él no tenía mucho pero podía al menos ayudarle a desinfectar sus heridas.
Lo dejó sobre unas mantas y calentó un poco de agua mientras le dejaba terminar de beber y de comer un poco. Limpió su cuerpo y sus heridas, las trató y le pidió perdón una y otra vez a pesar de que no había sido culpa suya, incluso fue tan amable para limpiar su pelo y peinarlo en una trenza y dejarle su cama para dormir.

Ariel descansó durante tres días sin moverse de la cama y sin intentar hablar pero al cabo del tiempo, viendo cómo el joven salía todos los días a trabajar y con lo que pescaba él le daba de comer se sintió un poco culpable. Le observó detenidamente y para ayudar empezó a preparar los anzuelos y a tejer las redes o repararlas para el pescador. El hombre le sonreía, le contaba cosas y cuando notaba que no quería escucharle simplemente guardaba silencio. Ariel sonrió, a pesar de que en su mente seguía rogando que la hechicera le buscase para volver a casa el pescador le agradaba. Le enseñó a caminar con un bastón poco a poco, le mostró cómo salir y poner trampas e incluso le llevó a pescar. El invierno se había adelantado mientras él se recuperaba y el frío y las tormentas les impedían salir a veces, pero eso no significaba que se acabase el trabajo y los dos se ayudaban mutuamente.

El último mes de invierno ya era casi imposible salir y un día se quedaron en casa acurrucados junto al fuego tapados por una única manta, hacía demasiado frío. Ariel estaba felizmente con el pescador escuchando sus historias, su pierna ya no dolía tanto pero era muy probable que nunca volviese a caminar sin el bastón, de la misma forma había intentado hablar varias veces, pero su garganta no se había recuperado del todo y su voz sonaba muy mal por lo que ya no pudo volver a cantar. A veces tarareaba y si el pescador la conocía tarareaba a su lado y eso le hacía sonreír, la vida con el pescador era dura, fría y larga pero se había sentido más feliz que con el Conde.
 Ariel le miró a través de su pelo y el pescador le devolvió la mirada, le vio tragar y él sonrió

Y entonces pasó…..

El niño esperó a que su padre continuase, pero sonrió, esa sonrisa lenta como en los dibujos adornaba todo su rostro y lanzaba unas miradas a su otro padre. Conocía aquella mirada, la veía a menudo cuando los veía mirarse el uno al otro. Miró de reojo a su otro padre que soltó una risita y él se impacientó.

-¿Qué pasó? Dímelo papi no te pares jooo.- Hizo un puchero y su papi se rió.
-Perdona amor, lo que pasó fue un beso.- Miraba a su hijo con una sonrisa y su niño le miró interrogante.
-¿un beso, solo eso?- Su papi rió con fuerza y su padre suspiró con una sonrisa.
- No mi amor, no es solo un beso, era un principio, un principio de algo entre ellos, de sentimientos amor.- El niño comprendió.
-¿Y después?- Su papi volvió a sonreír.
-Otro beso.
-¿Después?
-Otro- el niño se molestó.
-¿Y después?- Su papi contenía la risa.
-Otro.- El niño bufó.
-Jo papi, te estás metiendo conmigo cuéntalo bien.- Miró  a su padre que negó con una sonrisa conocedora.
-Lo siento amor, pero no me burlo, se dieron muchos, muchos besos más después del primero aquella noche.- El niño miró a su papi intentado buscar la siguiente trampa.
-Vale, entonces qué pasó después, después de todos los besos al final.
-Bueno, ellos se amaron y se abrazaron toda la noche cariño.- Le sonrió.- Ariel entendió que nunca había amado al Conde, que aquello que sentía en aquel momento era verdadero amor, su vida no era fácil, su cuerpo ya no era hermoso ni bueno, no podría cantar y sin embargo aquel hombre le quería de igual forma… aquello era el verdadero amor….- miró a su hijo con ternura y besó su frente.
-Entonces ¿se acaba ahí el cuento? Ariel encontró a su príncipe azul con un pescador.- Su hijo parecía pensativo, no parecía convencido.
-Me temo que no mi niño, hay más en esa historia.- el pequeño le miró y se acurrucó más contra el pecho de su padre mientras su papi le acariciaba el rostro.- Ariel pasó el mejor mes de su vida aquel invierno pero al llegar la primavera tuvieron que volver al trabajo…

 … el pescador volvió a salir al mar y a veces le llevaba con él. En una ocasión que se quedó dormido se asomaron uno de sus hermanos y su hermana que se horrorizaron al verle tan maltratado y le exigieron que volviese. Ariel se negó, les explicó que a pesar de que había sufrido mucho y rogado por volver ahora ya no lo deseaba, sería pobre pero amaba a aquel hombre y se quedaría a su lado. Muy molestos se fueron.
Ariel siguió viviendo con su amado pescador hasta que a mediados de primavera, mientras Ariel estaba afuera ayudando a secar el pescado un caballo se acercó al trote. El pescador se alzó mirando ya que nadie iba a su casa, mientras Ariel simplemente seguía trabajando  y de pronto escuchó la voz del Conde.
Aterrorizado intentó esconderse y vio como el Pescador se interponía entre ellos. El Conde amenazaba, despotricaba y maldecía el nombre de Ariel llamándole monstruo. A pesar de que el pescador consiguió espantarlo Ariel seguía teniendo miedo pues jamás le había confesado que él era un sireno. Cuando el pescador le miró él rogó que lo perdonase, le suplicó que le escuchase y le confesó entre lágrimas quien era y lo que le había hecho el conde. El pescador se había mantenido en silencio pero al final simplemente le abrazó y le dijo que le creía y le urgió a meter lo necesario en dos sacos para huir de la cabaña.

Se apresuraron y cargaron poco, luego cruzaron un buen tramo con la barca por si traían perros no encontrasen su olor. Ariel se lamentaba por su mala pierna que le hacía  ir casi a rastras detrás del pescador. Creyeron que tenían ventaja al día siguiente escucharon los cascos de los caballos y los perros.
Intentaron correr, esconderse no era posible y correr era demasiado difícil. El pescador le dio una de las mochilas y cargó a Ariel a su espalda mientras subía por la ladera del cañón para intentar ocultarse, pero fue inútil.

No tardaron en alcanzarlos en una ladera, querían bajar por el borde de cabo para llegar a una playa de piedra y esconderse. Cinco soldados y el Conde les separaron y les golpearon, Ariel intentó gritar pero sus lamentos eran tan horribles que los soldados le golpeaban más fuerte para hacer que se callase.
Cuando recuperó la consciencia el Conde estaba sentado a un lado mirándole fijamente, él no podía moverse y ya no escuchaba los intentos de resistirse del pescador. Cuando intentó verle solo pudo ver su cuerpo, ensangrentado entre las piernas de tres soldados. Lloró al ver que una de sus piernas tenía una forma extraña y uno de los soldados la pisaba haciéndola crujir sin que el pescador reaccionar.

El Conde se puso a su lado y agarró un puñado de pelo alzándole el rostro, estaba todo golpeado sin embargo no lloraba por él... si no porque no podía alcanzar a su pescador. El Conde le gritaba muy cerca de su cara, recriminándole el no haber obedecido y sin embargo se había quedado al lado de aquella escoria. Agitó su pelo haciendo que su cabeza se moviese a los lados y sintió algo crujir dentro de él.
Ariel le suplicó, le dijo que haría cualquier cosa por él si dejaba al pescador, pero el Conde ya no lo quería, ya no era hermoso, ya no tenía voz y se rió en su cara cuando pidió piedad para el pescador. Le susurró al oído las cosas dolorosas que pensaba hacerle en venganza y Ariel lo aceptó todo siempre intentado ver el rostro de su pescador una última vez y pidiendo que le dejasen libre.

Furioso el Conde ordenó que lo lanzaran del peñasco al mar sabiendo que si caía cerca iría contra las rocas. Ariel horrorizado miró cómo los soldados empujaron con los pies el cuerpo hasta el borde, gritó y asustó a los soldados pero estos solo terminaron de empujar el cuerpo. El Conde rió y Ariel tiró de su cabeza dejando que arrancase su pelo y rápidamente se arrastró entre las piernas de los soldados asustados al borde lanzándose al agua.
El golpe fue frío, doloroso, no podía respirar pero no importó al ver el cuerpo del pescador hundiéndose. Buceó deseando una última vez ser sirena para sacarle del agua y con todo el esfuerzo de su cuerpo consiguió sacarlos a flote. Agarró su rostro y le llamó, le llamó muchas veces pero él no abría los ojos, Ariel lloró y sintió que no podía nadar más, intentado ver a través de sus lágrimas y del agua, abrazó su cuerpo y enredó sus manos en su ropa rota, le miró una última vez… su rostro tenía un ojo negro, sus labios con heridas, le faltaba una oreja y habían abierto su mejilla hasta su ojo en una horrible mueca y Ariel siguió viéndolo hermoso y siguió amándolo, con un último suspiro dejó de nadar y empezó a hundirse con él hasta el fondo del mar.

De golpe sintió unos brazos que le sacaron del agua y le arrastraron hasta una playa, le dolía tanto el cuerpo que no sentía ya de su cintura hacia abajo. Alzó la mirada sonriendo, pensado que quizás se había despertado al fin, pero a su lado estaban sus tres hermanos, su hermana y la hechicera que le miraban con sus ojos apenados y le suplicaban que volviese a ser una sirena. Ariel no les escuchaba, miró a su pescador arrastrándose para poder poner su mejilla en su pecho y escuchar su corazón, pero allí ya no sonaba nada y de sus cansados ojos seguían brotar las lágrimas. Su hermana le suplicó pero él negó, susurraba apenas, el pescador se había ido y él deseaba acompañarle, les miró a todos con una sonrisa y les dijo que se arrepentía de aquello. Y vio a sus hermanos llorar y se sorprendió, las sirenas no lloran, no saben hacerlo. Intentó reír pero le dolía, miró a la hechicera, estaba hermosa incluso cuando le temblaba el labio inferior y le rogó una última cosa, con esperanza ella aceptó, pero él solo pidió poder despedirse de su amado una última vez. La mujer soltando un sollozo aceptó y poniendo la mano en el cuerpo marchito del hombre sacó una pequeña esfera dorada, el alma del pescador.
Ariel sonrió y la miró con toda la ternura y el amor del mundo, con esfuerzo colocó la mano sobre ella como protegiendo a un delicado pollito de la lluvia y la acercó a su rostro. Cerró los ojos un segundo en los que los otros aguantaron la respiración, pero volvió a abrirlos y dió un pequeño beso a la pequeña esfera y en susurros se despidió. Esta vez cerró los ojos y con su último suspiro una pequeña bola blanca acompañó a la dorada mientras los lamentos de sus hermanos resonaban en la playa …..


-!NO! !NO PUEDE SER!- El pequeño aferraba con fuerza la ropa de su papi, sus dedos estaban blancos de la fuerza y sus ojos inundados de lágrimas, incluso de su nariz goteaba. Su papi suspiró y limpió su rostro con ternura y paciencia mientras el niño lloraba.- No quiero, no me gusta papi, no me gusta esta historia.
-Lo sé mi niño, lo sé, pero es lo que pasó de verdad, los buenos no ganan siempre amor… el odio y el miedo hace que se comentan injusticias horribles.- El hombre miró apenado como su hijo hipaba entre sollozos por la pobre pareja.
-No… papi.. no me gusta su final….no es justo que acabe así….- Su papi acarició su rostro e hizo que le mirase a los ojos sonriéndole con ternura.
-Mi niño, yo no dije que terminase ahí.- el niño inspiró con fuerza y le miró esperando.-Le besó la mejilla y suspiró lanzando una mirada a su pareja.- las sirenas no lloran mi niño… así que cuando la hechicera, una sirena y tres sirenos rompieron en llanto dejando que sus lágrimas se mezclaron con el agua del mar….

...Los dioses del mar aparecieron, tres figuras enormes hechas de agua llegaron a la bahía y les observaron con disgusto. Las sirenas eran criaturas felices, servían a los dioses del mar y se divertían con los marineros. Los dioses miraron a la hechicera y le exigieron que entregara el alma de Ariel, se aseguraría de que ninguna sirena fuese como él de nuevo, no solo había desobedecido sino que había puesto en peligro las demás sirenas. Cuando los hermanos preguntaron qué harían con las almas los dioses respondieron que las destruirían, el alma de un humano era insignificante y la de una sirena tan defectuosa no serviría para renacer. La hermana horrorizada tomó el alma de su hermano y la protegió mientras que los tres sirenos se interpusieron entre los dioses y ella negándose a ceder, su hermano no había sido defectuoso, había amado de verdad y no se merecía morir por ello. Puede que sin el humano su hermano hubiese regresado pero había muerto protegiendo y amando y no permitirían que ahora, cuando al fin habían conseguido estar juntos les separasen de nuevo. Los dioses entraron en cólera y exigieron la extinción de aquellas dos almas.

La hermana, desesperada, tomó el alma de su hermano y la introdujo en su cuerpo guardándola allí de la mano de los dioses. Esto les enfureció pero uno de ellos puso final a la discusión y apoyó a los sirenos. Dejó que todos se fueran y se acercó para ayudar a acomodar la alma de Ariel en el cuerpo de su hermana, luego tomó la del humano y se la entregó a la hechicera pidiendo que buscase a una mujer embarazada y la pusiese en su vientre siempre que viese que el futuro de aquella familia fuera quedarse en el pueblo.

Las sirenas se separaron y volvieron a sus hogares esperando. Esperaron por años….

… mucho tiempo después un joven sireno jugaba con sus hermanos pequeños, él nunca hablaba y nunca se acercaba a la superficie por la prohibición surgida hace un par de generaciones. Sin embargo a veces miraba hacia arriba. Distraído uno de sus hermanos pequeños mandó la pelota con la que jugaban a la superficie de una pequeña cala. Molesto nadó entre las rocas agradecido que fuese de noche para recoger el objeto de juegos. Mientras se movía cuidadosamente entre las rocas una luz llamó su atención, curioso y muy cuidadoso se fijó y vio a un joven humano, era la primera vez que veía uno. El humano miraba al mar con un aura triste y una vela a sus pies, el pequeño sireno sintió mucha curiosidad y quiso acercarse un poco más a mirar. Con Cuidado se acercó hasta detrás de una roca y vió su rostro, eran tan distintos…..
El humano suspiró y se levantó llevando con él la vela dando la vuelta y dirigiéndose hacía fuera de la playa, fue cuando vio la marca de su mejilla y el joven lo recordó todo. Su corazón comenzó a latir fuertemente y saltó al mar intentando llegar a la playa. Se arrastró por la arena viendo marcharse, abrió su boca intentando decir su nombre pero era incapaz, sentía la arena arañando su piel y su cola sin embargo siguió metiéndose más en la arena y comenzó a golpear furioso el agua deseando que el joven se girase y que su cola desapareciera. La luz se detuvo y el joven se giró, sus ojos se encontraron y durante un segundo creyó que él no le reconocería, sin embargo el humano echó a correr hacia él, el sireno sonrió y por fin consiguió gritar su nombre, su cola se separó y sus piernas apenas se arrastraron por la arena antes de abrazar al humano que tanto tiempo había estado esperando….

-... se reencontraron….- el niño seguía llorando pero esta vez tenía una sonrisa en sus temblorosos labios.- Ariel volvió con el pescador.- Su padre sonrió y asintió.- ¿y vivieron juntos para siempre?- Su papi rió.
-Bueno, el humano recordó primero, y trabajó mucho para poder tener una casa junto al mar, todas las noches iba a la misma playa en dónde se despidió esperando reencontrarse con él. Ariel salió del mar y decidió vivir con él en su casa. Juntos comenzaron una vida y un milagro más sucedió cariño… Ariel, al ser una sirena, conservó su capacidad para tener hijos y llevó en su cuerpo un par de años a su descendencia hasta que se formó y dio a luz a un hermoso bebé, con sus diez dedos en las manitas y en los pies, sus dos orejas y una nariz.- su papi sonrió y le miró fijamente. El niño miraba sin parpadear.
-¿Como llamaron al bebé papi?- Su papi le sonrió dulce y respondió con el mismo tono de voz.
-¿Como le llaman cariño?- El niño sonrió y dijo en un grito.
-!Adrien!

FIN



Espero que os haya gustado una de tantas de mis versiones de Ariel masculino y su “verdadera” historia. Si habéis soltado una lagrimita no os preocupéis, hasta a mi me pasa cuando escribo, es que soy mu blanda XD